sábado, 5 de octubre de 2019

Ciudades resilientes



GESTIÓN DEL RIESGO EN EL ÁMBITO URBANO: CIUDADES RESILIENTES

Como se ha mencionado en los capítulos anteriores, en los últimos años se han ido tejiendo conceptos encaminados al desarrollo futuro de ciudades bajo los conceptos de ciudades digitales (digital cities), ciudades globales (global cities), ciudades innovadoras (innovative cities), ciudades sostenibles (sustainable cities), ciudades creativas (creative cities), etc. Tal como explicamos anteriormente, el concepto Ciudades Inteligentes (smart cities) es el que tomó más fuerza como paraguas protector bajo el que se han aglutinado todos estos conceptos desde una visión integral.

Pero el concepto de ciudades resilientes (resilient cities) adquirió velozmente un rol protagónico por sí mismo ya que pretende representar de un modo adecuado un determinado proceso que transitan las ciudades. El concepto al que nos referimos constituye una metáfora emergente para describir e interpretar la capacidad mostrada por algunas ciudades para enfrentar adversidades, origen de graves impactos que cuestionaron su futuro, consiguiendo recuperarse y continuar su proceso de desarrollo (Mendez 2012).

Para comprender la cabal importancia del papel de la Ciudad Resiliente, es necesario describir la gestión del riesgo. La gestión del riesgo se define como el proceso de identificar, analizar y cuantificar las probabilidades de pérdidas y efectos secundarios que se desprenden de los desastres, así como de las acciones preventivas, correctivas y reductivas correspondientes que deben emprenderse (UNISDR, 2017).

El Banco Mundial prevé que las pérdidas causadas a nivel mundial por inundaciones alcanzarán un billón de dólares por año sino se toman medidas preventivas en las ciudades (De San José, 2016).

De lo expresado, se desprende que un enfoque integral del riesgo debe considerar acciones ex-ante y ex-post con el fin de tomar en cuenta sucesos naturales que no siempre son controlables y las distintas vulnerabilidades que pueda tener un sistema, las cuales suponen una mayor previsibilidad.
La vulnerabilidad de las ciudades
En los últimos decenios los niveles de vulnerabilidad han aumentado, siendo la región de América Latina y el Caribe una de las más castigadas producto de la degradación ambiental, la expansión urbana desordenada, el aumento de la pobreza y la exclusión y la debilidad en el diseño de políticas públicas preventivas adecuadas (UNISDR, 2017). Se comprende entonces la complejidad del término vulnerabilidad, entendiendo por ello la fragilidad y exposición al deterioro o pérdida de los elementos y situaciones que generan y mejoran la existencia social, que no se reduce a amenazas naturales (inundaciones, ciclones, deslizamientos, terremotos, sequías) sino que incluye dificultades provenientes de escasa infraestructura y diversos problemas económicos que en muchos casos tienen profundas raíces sociales (UNISDR, 2017).

De esa manera emerge la definición del riesgo como una función de la amenaza (un ciclón, un terremoto, una inundación, etc.), la exposición de los ciudadanos y sus bienes a la amenaza, y de la situación de vulnerabilidad a la que se expone la población y sus activos. Los factores mencionados no son estáticos y se pueden mejorar a través de acciones ex – ante que permitan hacer frente y así reducir el riesgo (UNISDR, 2012). Se puede sintetizar lo antedicho en la siguiente fórmula:

Riesgo =         Amenaza X Vulnerabilidad X Exposición
                          Resiliencia o capacidad de afrontamiento

En referencia a la caracterización de los riesgos, Bouskela (2016) considera que los centros urbanos presentan cada vez mayor cantidad de amenazas a causa de inundaciones que se producen fruto del uso inadecuado y a la alta impermeabilización del suelo, a la ocupación desordenada de las márgenes de los cursos de agua y a la falta de las soluciones adecuadas para la gestión de aguas urbanas y a la falta de las infraestructuras adecuadas.
Según el Bouskela (2016) todo esto se agrava con los cambios sufridos por el clima y el medio ambiente. Se suma a ello el aumento de la construcción de edificaciones y de las superficies impermeables que no permiten la normal absorción del agua, producen la suba de la temperatura urbana, generando islas de calor cada vez más frecuentes que ponen en riesgo la salud de la población.

Las consecuencias de lo descripto son claras: se multiplican las enfermedades infecciosas como el dengue y, por otro lado, el aumento de los períodos de sequía puede producir una cantidad inquietante de enfermedades respiratorias como el asma (Bouskela et al, 2016).

En el marco descripto, las ciudades con sus complejos sistemas de servicios interconectados deben hacer frente al creciente número de problemas descripto. Para ello deben aplicar un conjunto de estrategias y políticas para atender cada uno de esos problemas (UNISDR, 2012). Llegamos así al concepto de resiliencia urbana o la idea de ciudades resilientes, configurado por un carácter sistémico y multidimensional (Mendez, 2012) que analizaremos en el presente trabajo.

La resiliencia en el ámbito urbano
Uno de los primeros trabajos significativos sobre resiliencia urbana la define como: «la capacidad de las economías locales para transformarse frente a los shocks tecnológicos que socavan su base económica preguntándose, en esencia, sobre cómo reinventar sus economías» (Polése, 2010).

En los primeros estudios que utilizaron el concepto de resiliencia urbana predominaron los que analizaban la crisis de pequeños núcleos monoespecializados en actividades extractivas o industriales vinculadas a recursos naturales ya agotados, o que dejaron de ser competitivos en el contexto de mercados más abiertos y menos protegidos, lo que provocó cierres de empresas y pérdidas generalizadas de empleo. A partir de ahí, numerosas ciudades mineras, portuarias o industriales, así como determinadas agrociudades, se enfrentaron a una espiral recesiva de la que tan sólo algunas parecen haber sido capaces de salir mediante diferentes estrategias promovidas, sobre todo, desde el propio ámbito local, aunque casi siempre con el apoyo de políticas de ámbito regional y nacional (Wallisser et al., 2005; Csiro, 2007).

El punto de partida de la aplicación a la cuestión urbana tiene como precedente directo al concepto de resiliencia comunitaria, idea desarrollada posteriormente al de resiliencia individual. Hace referencia al hacer frente a los traumas y conflictos colectivos por parte de los grupos humanos (Uriarte Arciniega, 2013).

Este autor define a la resiliencia comunitaria como la capacidad del sistema social y de las instituciones para hacer frente a las adversidades y para reorganizarse posteriormente de modo que mejoren sus funciones, su estructura y su identidad. Identifica la forma en que los grupos humanos enfrentan a las adversidades que como colectivo les afectan al mismo tiempo y de manera semejante: terremotos, inundaciones, sequías, atentados, represión política y otras, al tiempo que refleja cómo se desarrollan y fortalecen los recursos con los que ya cuenta la comunidad (Uriarte Arciniega, 2013).

Por otra parte, hace una clasificación de los recursos con que se cuenta para hacer frente a los riesgos y amenazas, dividiéndolos en hard y en soft. Los primeros comprenden los recursos tangibles, es decir los recursos materiales, humanos o procedimentales que protegen a los individuos y compensan las debilidades, mientras que los soft son los intangibles, aquellos que capacitan para sobreponerse a las dificultades y para lograr una adaptación exitosa (Uriarte Arciniega, 2013).

Hay que tener en cuenta que no todas las sociedades reaccionan en forma positiva ante los riesgos. Algunas comunidades combaten las adversidades y son capaces de superar las dificultades, mientras que otras se reaccionan con abatimiento y desesperación. Estas diferencias sobre cómo encarar los problemas solo se puede explicar por la existencia de diversidad de tipo social, cultural, relaciones grupales previas o condiciones sociopolíticas distintas (Uriarte Arciniega, 2013).
Ahora bien, la resiliencia comunitaria no se debe limitar a acciones ex – post. El concepto bajo análisis no es una intervención específica o delimitada a responder a un determinado acontecimiento adverso. La idea involucra una definición más amplia, ya que involucra la capacidad por parte de la comunidad de detectar y prevenir adversidades, la facilidad de absorción de una adversidad impactante y las competencias esenciales para recuperarse tras un daño. Esto es en definitiva lo que define a la resiliencia comunitaria (Twigg, 2007).

En los hechos, la resiliencia comunitaria debe construirse en el día a día. Para ello las personas deben implicarse en mejorar las condiciones medioambientales de su comunidad, participar plenamente en la reducción del cambio climático, asumir el consumo responsable, poner énfasis en la implantación de los derechos humanos y la justicia social y resolver de manera no violenta de los conflictos. (Uriarte Arciniega, 2013).

Por otra parte, el concepto de resiliencia comunitaria lleva implícito un fuerte componente dinámico, que se desarrolla, que se crea en el tiempo y se mantiene en la dialéctica de las personas y el contexto. Esto lleva a entender la necesidad de crear una cultura resiliente. La necesidad de la cualidad de la dinámica se justifica en que una misma comunidad puede resistir y hacer frente a ciertos conflictos pero no a otros. Del mismo modo que en algún momento de su vida pudo ser resiliente y, pasado un tiempo, tal vez no. Es improbable que alguien sea resistente a cualquier problema y en todo momento. Lo mismo sucede con una sociedad. Por eso toda vulnerabilidad y resiliencia son específicas y locales (Uriarte Arciniega, 2013).

En la búsqueda de una síntesis que comprenda a los conceptos vertidos, la UNISDR (Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, por sus siglas en inglés), considera los siguientes aspectos para lograr la resiliencia en una ciudad (CIPPEC, 2016):
-          La población debe residir en viviendas y barrios que cuenten con servicios e infraestructura adecuados, que cumplen con códigos de construcción razonables.
-          El gobierno local debe ser incluyente, competente y responsable de manera de velar por una urbanización sostenible y destinar los recursos necesarios para desarrollar capacidades a fin de asegurar la gestión y la organización de la ciudad antes, durante y después de que un peligro se materialice.
-          Las autoridades locales y la población han de comprender sus peligros y crear una base de información local compartida sobre las pérdidas asociadas a la ocurrencia de eventos y los riesgos, y sobre quién está expuesto y vulnerable.
-          Las personas estarán empoderadas para participar, decidir y planificar su ciudad conjuntamente con las autoridades locales, valorando el conocimiento, las capacidades y los recursos locales autóctonos.
-          Se tomarán medidas para anticiparse a los desastres y mitigar su impacto, mediante el uso de tecnologías de monitoreo y alerta temprana para proteger la infraestructura, los activos y los integrantes de la comunidad.
-          Se brindará respuesta e implementación de estrategias inmediatas de recuperación y restauración rápida de los servicios básicos necesarios para reanudar la actividad social, institucional y económica tras un desastre.
Se debe tomar en cuenta que la mayoría de los puntos anteriores también son primordiales para desarrollar una mayor resiliencia del desarrollo ante otros eventos, incluyendo el cambio climático.

Hoja de ruta de la Ciudad Resiliente
Existe un conjunto de propuestas, provenientes de diversos ámbitos, que tienen el objeto de aportar herramientas para facilitar a los gobiernos locales el desarrollo de políticas públicas orientadas a articular acciones tendientes a construir ciudades resilientes preparadas para hacer frente o, lo que es aún mejor, anticiparse a los distintos tipos de riesgo que enfrentan los centros urbanos, los cuales han sido descriptos en el presente trabajo.

Las iniciativas a nivel global son varias, destacándose entre ellas (CIPPEC, 2016):
ü  UNISDR (Oficina de la  Naciones Unidas para Gestión de Riesgos de Desastres): Campaña Desarrollando Ciudades Resilientes (http://www.unisdr.org/)
ü  Rockefeller Foundation (100 Ciudades Resilientes) (http://www.100resilientcities.org/)
ü  Resilience Alliance (http://www.resaliance.org/resilience)
ü  Community & Regional Resilience Institute (http://www.resilientus.org/)
ü  Resilient City (http://www.resilientcity.org/)
ü  Megacities C40 (http://www.c40.org)
ü  Network on Building Resilient Regions (http://brr.berkeley.edu/)
ü  Red de Investigación en Sustentabilidad para la Resiliencia Urbana Extrema (UREX SRN): (https://sustainability.asu.edu/ urbanresilience/)
ü  ICLEI (Local Governments for Sustainability): (http://www.iclei.org/http:// www.iclei.org/)
ü  La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED) (http://www.desenredando.org/)
LEDS LAC (Plataforma Regional Estrategias de Desarrollo Resiliente y Bajo en Emisiones) http://ledslac.org/    

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