“La Importancia de la Innovación en las
PyMEs” reseña porqué las pequeñas y medianas empresas deben esmerarse en
introducir a la innovación como parte de su actividad cotidiana y está basado
en un artículo propio que fue publicado en Materiabiz.com, sitio de la Escuela de Negocios del
mismo nombre.
Algunas
PyMEs suelen creer que determinados conceptos que maneja la jerga del
management le son totalmente ajenos e inaplicables para la realidad que viven.
Ante la propuesta de implementación de alguna idea que apunte a mejorar la
competitividad, pero que les resulte extraña, la respuesta llega en forma
inmediata: “eso no es para nosotros”, “somos demasiado pequeños”, “mi empresa
es muy especial”, “no va a funcionar”, son ejemplo de algunas de las
contestaciones automáticas que podemos escuchar. Por supuesto que entre esos
conceptos “extraños” está la Innovación. Es acá donde cabe preguntarse: ¿Es
importante aplicar innovación en las PyMEs? ¿O es realmente cierto que no es
aplicable en este tipo de empresas?
Para
responder la pregunta es necesario detenerse un instante en definir que es y
para que sirve la innovación. En sus inicios, el movimiento hacia la innovación
se confundió con la creatividad. Más precisamente con un señor creativo y
bastante loco que conduce a través de diversos juegos y ejercicios a un
conjunto de empleados a expresar aquellas ideas que hasta el momento no habían
aflorado. Pero la innovación no es un proceso místico. Tampoco es sentarse a
meditar frente al mar esperando que surja esa idea transformadora. Las
actividades lúdicas y de meditación deben apreciarse, pero actualmente es muy
evidente que la innovación es algo muy distinto a eso. Para ser efectiva, la
construcción de esa dinámica grupal orientada hacia lo creativo tiene que
encuadrarse en una planificación extremadamente rigurosa de un proceso de
innovación. Esa es la única manera en que un conjunto de “ideas creativas” que
produzca un grupo se puedan transformar en negocios concretos y específicos.
Habitualmente
suele confundirse el concepto de innovación con la simplificación de creer que
hablamos de la generación de nuevos productos. Esa es solo una de las formas de
innovación. Y no es precisamente la más importante. No todos los tipos de
innovación son iguales. Aclarando este punto, Gary Hamel establece una
clasificación que determina cuatro tipos de innovación ordenados de menor a
mayor importancia:
Innovación operativa: está vinculada a la búsqueda
fundamentalmente de la preeminencia en la calidad de la infraestructura de los
sistemas informáticos de la empresa. Son avances en hardware y software que
tienden a disiparse rápidamente, lo cual significa que es muy difícil sostener
este tipo de ventajas durante mucho tiempo. En este tipo de innovación
encontramos un ejército de consultoras dedicadas a transferir las mejores
prácticas de las empresas exitosas hacia aquellas de rendimiento discreto con
el objeto de al menos ponerlas en un mismo punto de partida.
Innovación de productos y/o servicios: también es una ventaja
competitiva efímera la que se consigue a partir de este tipo de innovación ya
que el ritmo acelerado de los avances tecnológicos permite dejar obsoleto
velozmente lo que ayer era un producto de última generación. Lo que es claro
hoy en día es que los productos novedosos rara vez confieren un liderazgo
duradero.
Innovación estratégica: supone modelos empresariales
audaces que ponen al rojo vivo al mercado en el cual competimos. Un ejemplo
emblemático es el de Ryanair, la primera aerolínea de bajo costo en Europa.
Innovación disruptiva: La misma sacude el
pensamiento convencional y cambia las reglas de juego vigentes hasta ese
momento. Ford y General Motors alguna vez fueron pioneras en la innovación
administrativa en el primer cuarto del siglo XX. Este tipo de innovación pone
su acento en desafiar los retos que el futuro nos plantea y convertir la innovación
en un trabajo de todos los días, creando un entorno laboral atractivo que
inspire a la gente a dar lo mejor de sí mismos.
En un
contexto en el cual los ciclos de vida de las estrategias es cada vez más
breve, quienes trabajamos desde el ámbito académico y profesional debemos
desterrar la cultura de la resignación de la PyME que mencionábamos al inicio.
La
pequeña y mediana empresa es un emprendimiento comercial como cualquier otro.
Atraviesa un momento de su ciclo de vida en el que busca su identidad,
consolidar un sistema de valores y desarrollar conocimientos para mejorar su
competitividad en los mercados. Por supuesto que estos son los mismos en los
que compiten las grandes empresas.
Para
afrontar estos desafíos necesitan innovar, ya que es la única fórmula que una
empresa (y ya que duda cabe de que una PyME lo es) tiene para buscar el éxito
y, una vez alcanzado, sostenerlo en el tiempo. También innovar es la única
manera de sobrevivir en un mundo en el que en sus mercados se pelea a todo o nada.
Transformar
una PyME en una empresa ágil, veloz e innovadora, significa efectuar un
abordaje sistémico que nos permita otorgarle la competitividad suficiente para
posicionarse en el mercado con un producto o servicio que se diferencie de sus
competidores. Ello debe estar apoyado en la productividad de la PyME. La única manera de
lograrlo en un contexto inestable, turbulento y cargado de incertidumbre es
aplicando un proceso de innovación permanente. Se convierte así en un término
imposible de no tenerlo cuenta en el vocabulario y en cada acción de las
pequeñas y medianas empresas.
Excelente. La disruptiva favorece la estratégica, y es tierra fértil para los otros tipos. La clave es inspirar a la gente a dar lo mejor de sí mismos. "Si quieres lograr algo grande, extraordinario, hay que hacer soñar a los hombres, pero no en una música cualquiera" - Jean Lartéguy.
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